“A los jugadores que dieron tanto, hay que dejarlos retirarse en paz”

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“Ya cenamos en familia y ahora podemos hablar con tranquilidad”. Pablo Prigioni no parará de charlar durante una hora y cuarto desde su hogar en Vitoria, la ciudad emblema del básquetbol en el País Vasco, por ser sede del Baskonia, eslabón clave de este deporte en Europa y sucursal argentina en la que dejaron huellas Luis Scola, Andrés Nocioni, Fabricio Oberto, Marcelo Nicola y Juan Espil, entre otros, además del base cordobés que a los 39 años colgó sus asistencias. Raquel y sus hijos Alessandra (11) y Nicolás (7) están en otro cuarto. Es tiempo de hablar del retiro de uno de los pilares del mejor seleccionado argentino de la historia.

-¿En qué momento un atleta decide retirarse? ¿Analizaste señales previas o un día hiciste click y adiós a las canchas?

-No fue de un momento a otro. Son señales, cosas que vas poniendo sobre la mesa. En principio, pensé que iba a jugar en Houston esta última temporada. Que me cortaran dos días antes de comenzar la NBA me dejó tecleando. “¿Ahora qué hago?”, me pregunté. Nunca me había pasado algo así. Me desconecté un poco al pasar las Fiestas en la Argentina, pero me costaba ir a entrenarme. Por eso acepté la oferta del Baskonia. Si no, no me hubiese conectado más.

-Pero no te conectaste…

-Pensaba que me iba a encontrar un poco mejor mental y físicamente para jugar toda la temporada, pero no encontré la motivación. Me costaba horrores ir a entrenarme. No conseguía motivarme para los partidos, salvo alguno que otro. Detecté que no iba a estar en buena condición y como tampoco sentía fortaleza mental, no iba a poder competir al nivel que me gusta. Y yo no sirvo para hacer algo a media máquina, porque no lo hice nunca.

-¿Luchaste mucho antes de tomar esa decisión?

-Lo hablé en el club y me dijeron que me diera más tiempo. Accedí a seguir, pero las sensaciones no cambiaban sino que empeoraban. Por más que físicamente comenzaba a mejorar, la cabeza no estaba bien. No encontraba ese deseo de competir que siempre tuve. No me sentía cómodo con nada. Sabía que un día tenía que decir: “Hasta aca llegué”.

-No le veías sentido a seguir…

-Es que para no disfrutarlo, no tenía sentido aguantar cinco meses esa sensación. ¿Por qué tenía que hacer algo que no seguía disfrutando? No merecía pasar mal los últimos meses de mi carrera. Si esto no lo hago por dinero sino porque me gusta jugar.

-¿Cómo lo estás procesando, por más que ha pasado poco tiempo desde tu retiro?

-Va en la manera de ser de cada uno. Habrá indecisos que necesitan más tiempo y ayuda con psicólogos deportivos que orienten. Yo suelo tener las cosas bastante claras y no suelo dudar. Durante mi carrera, se me ha marcado el camino que tenía que seguir. Ahora era claro que tenía que tomar esta opción y retirarme.

-¿Con la Selección sucedió lo mismo? Porque fuiste vos quien decidió hacerse a un lado antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016…

-Cuando Brasil nos eliminó en el Mundial de España 2014, estaba 100 por ciento seguro de que ése había sido mi último partido. Cuando llegó el momento de plantearme qué decisión tomar con respecto a Río, tuve muchas dudas. Pero volví atrás en el tiempo, retomé aquella sensación de estar muy tranquilo por mi último torneo con la Selección y me dije que era el momento para dar el paso al costado. Significaba un esfuerzo grande, sentía que Facu (Campazzo) y Nico (Laprovíttola) estaban muy bien como para jugar en esa posición, iba Manu (Ginóbili) y eso daba tranquilidad, Carlos (Delfino) estaba con muchas chances de ir… Sentía que el equipo no me necesitaba como en torneos anteriores. Puse ese conjunto de cosas sobre la mesa y sentí que era lo correcto. No me arrepentí y disfruté ver a los chicos jugando.

-Si bien es esperable por la edad, haber visto el adiós de Manu y Chapu Nocioni de la Selección indica que todo se termina. ¿Cómo evaluarlo?

-Es algo natural que se tiene que ir dando. Con la edad no se puede hacer nada. Es la lógica. Cada uno tiene que tomar la decisión cuando la siente. Yo sentí que mi participación se había acabado en España. Ellos, en Río. Percibía que podía ser su último torneo. No me sorprendió. Los comprendo. Hay que respetar los tiempos de cada uno porque son decisiones difíciles. A los jugadores que dieron tanto, hay que dejarlos retirarse en paz. Así me fui yo.

-¿Entendés la postura del hincha que quisiera que jugaran por siempre, más allá de que si no hubieran parado en algún torneo, se habrían roto antes de tiempo?

-Es entendible el sentimiento del aficionado y te halaga. Todos nos hicimos mayores compitiendo en ligas muy exigentes, con mucha responsabilidad y haciendo un gran desgaste. Es como vos decís. Hay que plantearse: “Paro o me rompo”. O saber que si hubiera jugado siempre con la Selección, quizás habría estado cuatro meses pintado en mi equipo. Había que usar la cabeza. Si fuera por el corazón, hubiéramos jugado todos los torneos, todos los años. Es más, pudimos jugar hasta tan mayores en la Selección por haber sido inteligentes. Siempre nos tiraba el corazón, pero tomamos las decisiones adecuadas.

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“La medalla olímpica de bronce en Beijing 2008 fue la felicidad pura”, admite Pablo Prigioni. Foto: AFP

El orgullo de haber sido parte de una Selección con identidad, espíritu competitivo y mística

Difícil encontrar un argentino que no se haya contagiado de lo propuesto por la Generación Dorada. Nombres al margen, hubo un seleccionado que posicionó al básquetbol nacional en lo más alto durante los últimos 15 años. Pablo Prigioni fue un integrante clave del equipo de todos y analiza lo que sintió al formar parte de una cofradía que trascendió el deporte.

A la hora de hablar de la Selección, no hay que quedarse con una medalla colgada o no. El espíritu es lo que ha sido increíble -sintetiza el cordobés-. Cada uno dejó siempre el protagonismo personal en beneficio del equipo. Todos sabían el rol que debían ocupar y lo hacían sin importar nada. Haber mantenido durante 15 años a la Selección en los primeros puestos del ránking mundial tiene un mérito brutal. La química que mostró el equipo, el espíritu competitivo, no venirse abajo más allá de las ausencias, no poner excusas, ir a buscar el máximo en cada torneo…

-¿Ese legado y esa identidad trascienden los resultados obtenidos?

-El espectador argentino se identificó con el espíritu y la transparencia que mostramos. Nos apoyaron y lo disfrutaron en el país y en cada torneo internacional que jugamos. Para nosotros, jugar en la Selección implicaba hacer el sacrificio de estar dos meses sin ver a nuestras familias. No jugamos por dinero. Nunca fue la plata el motivo. Nada en el mundo te brinda esa sensación de jugar con amigos de siempre.

-Si bien debutaste en la Mayor en 2003 y jugaste el Mundial de Japón 2006, ¿fue en el Preolímpico de Las Vegas cuando sentiste que era “tu” Selección”?

-Sí, en 2007. Cuando Pepe (Sánchéz) se va, siento que el espacio en esa posición era para mí. Con esa mayor responsabilidad, me relajé y salió mi mejor baloncesto en la Selección. Me sentí cómodo y el “dueño” del equipo. Habiendo jugado varios años junto a Luis (Scola), nos conocíamos de memoria y pudimos explotar esa conexión.

-¿El bronce olímpico en Beijing 2008 fue la cumbre?

-Fue sentir la felicidad pura, algo difícil de igualar. Cuando llegás a unos Juegos Olímpicos y entrás en la Villa tan excitado por el ambiente y por lo que contagia que tantos deportistas estén ilusionados por competir y por llevarse una medalla, se genera un clima único. Es algo increíble llegar hasta el último día y encima ganar una medalla. Hay deportistas que al segundo día compiten y se marchan. Nosotros vivimos dos semanas en la Villa y nos fuimos a casa con la felicidad increíble de ganar el bronce. Fueron quince días soñados.

-Cuatro años después, viviste la contracara, no sólo por perder el partido por el bronce sino por los cólicos renales…

-No disfruté Londres 2012. Llegué con la excitación de haber firmado con los Knicks y me sentía rejuvenecido. Pero después de ganarle a Lituania en el debut, sufrí cólicos en el riñón derecho, me dieron morfina un día y eso me mató. Me sentía tan mal y me había enfadado tanto que me planteé irme a mi casa. ¿Cómo me podía pasar eso en medio de unos Juegos Olímpicos? ¿Qué hice mal? ¿Por qué no me pasaba quince días después? No lo podía entender. Cuando me sentí mejor, competí de nuevo pero estaba muy tocado. Terminé sólo porque eran los Juegos Olímpicos. Y decidí que jugaría otro torneo sí o sí. Por eso jugué el Mundial de España 2014.

Y luego dijo adiós.

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El número

85

Son los partidos que Pablo Prigioni jugó durante 11 años en la Selección, con 7,4 puntos y 5,2 asistencias de promedio.

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Prigioni: "A los jugadores que dieron tanto, hay que dejarlos retirarse en paz"

Facundo Campazzo y Nicolás Laprovíttola.Foto: DEMIAN SCHLEIDER, PARA PRENSA CABB

Elogios para los sucesores

Una de las razones para haberle dicho adiós a la Selección antes de Río 2016 fue ver que la base estaba bien cubierta con Facundo Campazzo y Nicolás Laprovíttola. “La de base es la posición mejor cubierta. Ellos lo demuestran en cada torneo y pueden seguir en esa línea. Los disfrutaremos jugando juntos o alternadamente”, asegura Pablo Prigioni. Y entonces analiza a cada uno de sus sucesores.

“A Facu no lo pude ver en vivo aún en Murcia, pero lo está haciendo muy bien en un equipo muy irregular en la Liga de España. Su evolución es clara y ojalá que siga jugando así -se esperanza-. Eso sí, me gustaría verlo en otro equipo. Está en condiciones de jugar en un equipo de mayor potencial. Ojalá pueda dar el salto”.

-¿Te lo imaginás en la NBA?

-Tiene calidad suficiente para jugar en la NBA. Y lo han hecho muchos jugadores de su talla.

-¿Cómo ves a Nicolás?

-Muy bien. Está en el momento cumbre de su carrera. Sería bueno que se pueda afianzar en algún lugar y encontrar un poquito de estabilidad para dar lo mejor en el básquetbol, porque es entre los 26 y los 32 años cuando el jugador da lo máximo. En Baskonia tiene dos bases muy diferentes a él y el entrenador lo acomodará. Por suerte lo veré de cerca.

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Prigioni: "A los jugadores que dieron tanto, hay que dejarlos retirarse en paz"

Andrés Nocioni, Pablo Prigioni, Luis Scola y sus compañeros de Selección se plantaron antes del Mundial 2014. Foto: MARCELO FIGUERAS

Apostar al crecimiento del básquetbol

Antes del Mundial de España 2014, la Selección se encolumnó detrás del capitán Luis Scola y demandó fuertes cambios en la conducción del básquetbol nacional. Luego de estar intervenida, la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) recuperó su institucionalidad, mientras la Justicia tiene en sus manos una causa por posible administración fraudulenta de parte del ex presidente Germán Vaccaro.

“Fue un tema delicado. Sabíamos que las cosas no se estaban haciendo bien y no podíamos permitir que se siguiera manejando mal todo. En ese momento estuvimos de acuerdo en que la manera era actuar así. Era esa oportunidad porque a medida que nos fuéramos de la Selección no tendríamos más poder. Fue muy acertado”, reflexiona Pablo Prigioni a dos años y medio de aquel momento.

-¿Cómo ves la situación hoy?

-Tenemos una CABB en proceso de recuperación y que va en línea ascendente. Arrastrando el mal manejo de muchos años, hay voluntad de mejorar y de transparencia. Estamos orgullosos de habernos plantado. Pero esto no termina ahí.

-¿Y dónde termina?

-Es un trabajo constante. Por más que dejemos la Selección, estamos siempre cerca, comprometidos, sumando desde la posición que sea para que el básquetbol siga creciendo.

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Prigioni: "A los jugadores que dieron tanto, hay que dejarlos retirarse en paz"

Pablo Prigioni con sus hijos, en el homenaje que le hizo Baskonia.Foto: Prensa Baskonia

El reconocimiento tardío en Argentina y su futuro como entrenador

Pablo Prigioni contó con el apoyo incondicional de su esposa Raquel, española ella, pero procesar el retiro fue más difícil para sus hijos. “Nicolás (7), el más chico, se largó a llorar. Se enteró de un día para el otro y no le gustó nada. Pero ya está más tranquilo, porque le expliqué bien, le mostré videos y los mensajes con saludos. Alessandra (11) lo tomó de otra manera, porque le importa un poco menos el básquetbol”, relata su padre. Con ellos entró de la mano el domingo 15 al estadio Buesa Arena, donde le rindieron un emotivo homenaje con un video, una ovación infinita y la camiseta “5” de Baskonia en lo alto.

“Fue muy lindo. Un orgullo -admite-. Es increíble terminar mi carrera en el equipo de mi vida, donde jugué mejor y más temporadas. Aquí evolucioné como jugador de manera constante cada año. Agradezco retirarme en este club y en esta ciudad, porque siempre confiaron en mí y respetaron mi decisión”.

Con 461 partidos en Baskonia, es el argentino que más jugó en la Liga de España, donde marcha séptimo en asistencias y 13° en robos. En la etapa gloriosa en el club, cuando era el Tau Cerámica por el sponsor, ganó cuatro Supercopas de España, tres Copas del Rey y una Liga, y fue subcampeón de la Euroliga 2005. Pero el reconocimiento argentino demoró en llegar.

-Cuando la descosía en España y en la Euroliga junto a vos, Luis Scola dijo: “Me reconocen menos en Argentina que en Europa”. ¿Sentís que te pasó lo mismo hasta que no tuviste tu lugar en la Selección?

-Pasa que la gente no nos veía jugar porque la difusión de la Euroliga ha empezado hace un año o dos en el país. Ese es un punto clave. Si no jugabas en la NBA, parecía que no estabas haciendo nada. La gente no te conocía y no te veía de manera constante sino solamente en un torneo de 6 o 7 partidos con la Selección. Aquí en Europa, al vernos jugar contra mejores equipos, nos tenían un respeto muy grande Estoy convencido de que muchos argentinos no saben lo que hizo Luis en Europa.

-¿Y lo que hiciste vos?

-Y, un poco es igual.

-¿Te molestaba no tener ese reconocimiento?

-Fue algo normal. ¿Como me iban a reconocer si no me veían jugar?

Habrá más tiempo para su familia ahora que es un ex jugador. Y saldrá a pasear por Alicante con algunas de sus motos clásicas o sus joyas de cuatro ruedas: un Ford Mustang 1965 descapotable y una pick up Chevrolet 1953. Ya habrá otro momento para pensar cómo seguirá relacionado con el básquetbol, aunque parece que lo tiene bien claro. “En estos cinco meses que faltan para que termine la temporada, reflexionaré sobre mi futuro -dice-. Es un buen tiempo para ver qué tengo que hacer. No tengo en claro cuándo hacer la transición o si es prematuro, pero me gustaría ser entrenador”.

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Prigioni: "A los jugadores que dieron tanto, hay que dejarlos retirarse en paz"

Pablo Prigioni (Houston) frente a Chris Paul, quien sería su compañero en Los Angeles Clippers.Foto: EFE

Cómo llegar a la NBA a los 35 años y mantenerse con inteligencia

Muy pocos jugadores llegan a la NBA a los 35 años y se dan el lujo de competir durante cuatro temporadas. Pablo Prigioni lo hizo en Nueva York, Houston y Los Angeles Clippers, hasta que los Rockets lo cortaron a dos días de comenzar la temporada.

-¿Fue lo más inesperado que viviste en tu carrera?

-Sin duda. No me había pasado nunca. Siempre empecé la pretemporada y terminé la temporada jugando en el mismo equipo. Me había preparado para jugar.

-¿Qué explicación te dieron?

-Como se operaba el base titular, el manager me dijo que tenían dudas de si podría aguantar más minutos de lo que estaba hablado. Tenían dos bases jóvenes y apostaron a ellos.

-¿Cuánto se te movió la estantería con esa noticia?

-Faltaban dos días para la temporada y me preguntaba: “¿Ahora qué hago?” No estaba habituado a eso. Pensaron que era lo mejor para el equipo y lo hicieron. No compartí ni comparto la decisión, pero son los dueños del equipo los que calculan minutos y rendimientos. Y siguen su filosofía.

-¿Pudiste despedirte de tus compañeros en los Rockets?

-No estaba en el centro de entrenamiento cuando me lo dijeron, así que no vi más a mis compañeros porque justo el equipo viajaba. Me mandaron mensajes, pero no pude verlos.

Fue lo único malo que vivió en la NBA. “Fue una experiencia fabulosa y la disfruté un montón. En los cuatro años jugué más del 80 por ciento de los partidos. Me había planteado competir todas las noches y lo conseguí”, dice.

Jugué de una manera muy inteligente, haciendo siempre cosas para el equipo en una liga en la que muchos juegan para ellos y para sus números -resume-. Vieron que me preocupaba porque el equipo jugara bien y tomaba buenas decisiones. Me potencié en robar balones, defender y meter los tiros que tomaba”.

Imposible olvidar cuál fue el momento más emotivo de su carrera en la NBA. “Fue increíble cuando en un partido contra Indiana corearon mi nombre en el Madison Square Garden en mi primera temporada en los Knicks”, recuerda Prigioni. Fue en la semifinal de la Conferencia Este, instancia a la que llegó con Nueva York en 2013. En 2015, con Houston, jugó los 17 partidos de playoffs y perdió la final de la Conferencia Oeste ante Golden State. Y en 2016, en los Clippers, cayó en la primera ronda del Oeste ante Portland.

Tantas mudanzas no fueron sencillas para la familia Prigioni, porque donde hay chicos hay mucho más que organizar. “Para los solteros no es complicado, pero para nosotros no fue fácil porque cada vez que te mudás, los chicos deben cambiar de colegio y al mismo tiempo que se hacen amigos nuevos, otros les quedan en otro lugar”, explica el base.

Nueva York, Houston y Los Angeles son disímiles, pero ellos se asentaron bien. “Vitoria es un lugar muy frío, así que no notamos un cambio muy grande cuando pasamos el invierno en Nueva York –relata-. En Houston y en Los Angeles el clima mejoró mucho, porque es más tropical. Y en las tres ciudades hay grandes comunidades latinas, por lo que los aficionados buscan a los que hablan español, te apoyan y se alegran de que te vaya bien”.

-¿Cómo es el mundo NBA, ése que parece una burbuja dentro del alto rendimiento?

-Las franquicias te dan muchas herramientas para que mejores, porque hay mucho personal, lo que no se ve tanto en Europa. Si querés ir a tirar un dia libre, tenés tres personas a mano: dos que rebotean y una que te pasa la pelota. Y los viajes están perfectamente armados. Es que con el calendario de la NBA, si no tenés esos lujos de no entrar a la terminal e ir directo de la pista del aeropuerto al bus y al hotel, no aguantás. Sería imposible jugar cuatro partidos por semana luego de viajes normales. Llegarías roto.

-¿La marca NBA es perfecta?

-Es un producto que se ve a nivel mundial con un éxito increíble. Todo lo que hacen lo hacen por algo. Todo tiene un propósito y está estudiado: el show, la cantidad de partidos y cómo usan a las estrellas para potenciar la liga en Estados Unidos y en el mundo. Está todo armado y ha evolucionado con el tiempo. La NBA es un producto vendible en todo el mundo. No hay nada que hagan por exceso. Todo tiene un porqué. Y seguirá creciendo porque estudiarán cómo hacerla crecer.

-Por tu formación y estilo, seguramente admires a San Antonio. ¿Hay otros equipos que jueguen buen básquetbol?

-Son pocos los equipos que juegan un buen baloncesto. Utah tiene un estilo muy marcado. Los Clippers tienen una base de jugadores que vienen jugando bien y lindo. Ver a Golden State obviamente es atractivo con sus superjugadores de calidad individual. Y está San Antonio, claro. El juego de San Antonio no lo puede hacer cualquiera. Tenés que contar con gente que tenga esa mentalidad y que sepa jugar. No es una de las mejores franquicias de la NBA desde hace 20 años por casualidad . Tienen una estructura que ficha jugadores no sólo por su potencial físico sino por su inteligencia. No es para cualquiera. Si tenés jugadores que no piensan ni saben ejecutar, no vas a jugar como San Antonio.

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